Desde muy pequeñitos nos pintan la vida como si fuera un juego, en el que no se puede hacer daño, eso es trampa, donde siempre hay que hacer el bien. Pensamos que la vida es como una de las películas de estreno, de estas en las que el malo siempre pierde, el bueno se casa con la chica guapa, y el feo consigue ser feliz con cualquier tontuna. Pero no, no es así, Hemos de dejar atrás los cuentos de princesas y príncipes. ¿Vivieron Felices y comieron perdices? No, en la vida real no todos los finales son felices, no todos los momentos son agradables, no siempre gana el bueno, no siempre está la chica guapa. Y es que de repente te levantas un día y sientes un frío irremediable, sientes que tienes el mundo encima y vuelves a pensar en todo a lo que te tienes que enfrentar y te preguntas el por qué de todo esto, y solo hay una respuesta: ¡Esto es de Verdad! Y te tienes que levantar de cada caída, como sea pero tienes que luchar, para que no se apodere de ti.
Me enseñaste que por cada cosa mala detrás viene una buena, que los problemas es mejor afrontarlos con una sonrisa, que la vida es para vivirla, que jamás las cosas te salen mal.
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